En un magistral ensayo, titulado Aes Triplex –frase que proviene de un verso de Horacio, "Aes triplex circa pectus", que significa "tres láminas de bronce alrededor del corazón"–, Stevenson nos invita a no perder el coraje: la vida, nos dice (y es algo que pudo comprobar él mismo), es dura y está llena de peligros. Es como un bote que se hunde constantemente o como una vela que se apaga. Pese a ello, no podemos salir huyendo: tenemos que armarnos de valor, levantarnos, enfrentar nuestros miedos: proteger nuestro corazón con esas láminas de bronce y explorar el mar. Con optimismo, con valor, con temeridad, con buen humor: por muy difícil que nos resulte, por mucho que la vida nos plantee dificultades, es necesario entrenarnos, conocernos, aprender a lidiar con nosotros mismos.
jueves, 5 de enero de 2017
Sobre 2016...
2016 fue un año peculiar. Algunos de mis amigos se casaron, otros tuvieron hijos; otros cambiaron de trabajo, de pareja, de ciudad o de país. Yo, por mi parte, siento que no cambio. A veces creo que todo se mueve a una velocidad vertiginosa y que yo permanezco igual; a veces pienso que debería apresurarme, ir más deprisa, correr más rápido. Que debería ponerme a hacer las cosas que (según me dijeron) se hacían a esta edad. Pero luego miro atrás y me doy cuenta de que, gracias a mi lentitud, he tenido la oportunidad de hacer cosas muy interesantes y de conocer a gente muy especial: mis alumnos –que me escriben siempre para preguntarme qué demonios pasa en Pedro Páramo–; mis amigos –los de aquí y los de allá, que me acompañan en todo momento–; mi familia –la de Salamanca, que me ha hecho sentir como en casa, y la de México, que pese a la distancia no se ha olvidado de mí–. Y entonces pienso que, quizá, mi lentitud no sea otra cosa que una virtud. Que los años que vienen seguramente serán difíciles, pero que, si voy paso a paso, tal vez, con suerte, logre encontrar aquello que vine a buscar a Barcelona. En todo caso, aunque este año he vivido, como todos, aventuras y desventuras (y el 2017 no será radicalmente distinto), he llegado a la conclusión de que lo importante es mantener siempre una actitud valiente, alegre y optimista, plagada de sentido del humor. En esto –y creo que Montaigne, Stevenson, Cervantes estarían de acuerdo conmigo– consiste el arte de vivir.
domingo, 16 de octubre de 2016
F. Scott Fitzgerald, The great Gatsby
“People disappeared, reappeared, made plans to go somewhere, and then lost each other, searched for each other, found each other a few feet away.”
miércoles, 27 de julio de 2016
The Tragedy of Mister Morn, V. Nabokov
but now and then the name of a street,
or a street organ weeping in the twilight,
will remind us in a more vivid and more
truthful way than thought could resurrect
or words convey, of that main thing which
was between us, the main thing which
we do not know...
And in that hour when the soul
will sense the charm of past trifles—
the soul will understand that in eternity all is eternal:
the genius' thought and the neighbour's joke,
the bewitched suffering of Tristan
and the most fleeting love."
—The Tragedy of Mister Morn, V. Nabokov
viernes, 22 de julio de 2016
El mago de Viena
Leo (tardíamente, para variar) El mago de Viena de Sergio Pitol. Es, quizá, una de las grandes revelaciones que he tenido en los últimos años: mezcla de varios géneros –ensayo, narración, autobiografía–, el libro da cuenta de un lector, Pitol, incapaz de concebir su vida sin la literatura: vive para leer y, sobre todo, lee para vivir. Cada periodo de su existencia está enmarcado en una lectura: de Flann O' Brien a Joseph Conrad, de Evelyn Waugh a Antón Chéjov, su escritura es, a su vez, una prolongación natural del acto de leer. Transcribo dos fragmentos:
"Me parece recordar que en los días peores, cuando ni siquiera podía fijar los ojos en los libros, me complacía pensar en el lenguaje, ese don prodigioso que nos fue otorgado desde el inicio. El escritor sabe que su vida está en el lenguaje, que su felicidad o su desdicha dependen de él. He sido un amante de la palabra, he sido su siervo, un explorador sobre su cuerpo, un topo que vaga en su subsuelo; soy también su inquisidor, su abogado, su verdugo. Soy el ángel de la guarda y la aviesa serpiente, la manzana, el árbol y el demonio. Babel: todo se vuelve confusión [...]".
"Aquello que da unidad a mi existencia es la literatura; todo lo vivido, pensado, añorado, imaginado está contenido en ella. Más que un espejo es una radiografía: es el sueño de lo real" (p. 42).
lunes, 4 de julio de 2016
Bestiario de animales extraordinarios
I. Bestias peludas
Nos hicimos amigas y yo la visitaba todas las noches. Compartíamos impresiones: yo le contaba cómo eran mi habitación y mis juguetes, y ella me describía los problemas que ocasionaba en su mundo la sobrepoblación de cacahuates. Una noche, al bajar de mi cama, no la encontré. ¡Había desaparecido! Pregunté a los calcetines si la habían visto (a las muñequitas no porque no parecían tener ánimos) y me dijeron que no. Después de mucho investigar, los cacahuates me explicaron que mi amiga había sido succionada por un monstruo parecido a una peluca gigantesca. ¡No podía ser! Yo me consterné mucho y decidí llegar al fondo del asunto. Noche tras noche, por un largo periodo de tiempo, regresé al mundo de abajo para ver si lograba averiguar algo más sobre el secuestro. Pero nadie, nadie, sabía nada, y lo único que podía hacer era sentirme infinitamente triste. Había perdido a mi amiga para siempre.
Una noche bajé y encontré a otra pelusa. No era mi pelusa extraviada, por supuesto, pero después de un par de noches nos hicimos amigas. Yo estaba muy contenta porque había hecho una nueva amiga. Esta vez, nadie me la quitaría. Ni la monstruosa peluca gigante. Una noche, sin embargo, ella apareció: enorme y verdaderamente fea. Una peluca como ninguna otra, blanca y voraz. Mi amiga no tenía nada que temer porque yo la defendería a capa y espada. ¡Nos enfrentamos con furor! ¡Fue un duelo a muerte!…Hasta que me percaté de que la peluca no estaba sola: la acompañaba (o más bien se adhería a ella) una especie de palo que llegaba hasta el cielo. Lo seguí con la mirada y encontré a una figura conocida: mamá.
Ella me preguntó, enojadísima, qué diablos hacía escondida debajo de la cama y después se soltó a hablar, con una fluidez que yo consideré admirable, sobre la importancia de la limpieza en el hogar. La escuché en silencio, pero no podía comprender el porqué de tanto alboroto: para mí, todo estaba muy claro. Así que finalmente pregunté : “Bueno, mamá, ¿qué es más importante: la higiene o la amistad?”
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