viernes, 22 de julio de 2016
El mago de Viena
Leo (tardíamente, para variar) El mago de Viena de Sergio Pitol. Es, quizá, una de las grandes revelaciones que he tenido en los últimos años: mezcla de varios géneros –ensayo, narración, autobiografía–, el libro da cuenta de un lector, Pitol, incapaz de concebir su vida sin la literatura: vive para leer y, sobre todo, lee para vivir. Cada periodo de su existencia está enmarcado en una lectura: de Flann O' Brien a Joseph Conrad, de Evelyn Waugh a Antón Chéjov, su escritura es, a su vez, una prolongación natural del acto de leer. Transcribo dos fragmentos:
"Me parece recordar que en los días peores, cuando ni siquiera podía fijar los ojos en los libros, me complacía pensar en el lenguaje, ese don prodigioso que nos fue otorgado desde el inicio. El escritor sabe que su vida está en el lenguaje, que su felicidad o su desdicha dependen de él. He sido un amante de la palabra, he sido su siervo, un explorador sobre su cuerpo, un topo que vaga en su subsuelo; soy también su inquisidor, su abogado, su verdugo. Soy el ángel de la guarda y la aviesa serpiente, la manzana, el árbol y el demonio. Babel: todo se vuelve confusión [...]".
"Aquello que da unidad a mi existencia es la literatura; todo lo vivido, pensado, añorado, imaginado está contenido en ella. Más que un espejo es una radiografía: es el sueño de lo real" (p. 42).
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