sábado, 27 de diciembre de 2014

Fabio Morábito, El idioma materno, Sexto Piso, México,2014, 178 pp.


La literatura de Fabio Morábito (Alejandría, 1955) nace de un profundo amor a la palabra: cada obra encierra una irrevocable lección estilística; cada obra representa un esfuerzo por penetrar en la verdadera piel del mundo y de las cosas; cada obra persigue, en el fondo, “el barro secreto del idioma, ese barro que una vez hallado le abrirá el idioma por completo” (p. 71). Morábito, hijo de padres italianos, escribe con intensidad, pero también con rigor y entrega; escribe en virtud de su extranjería, una extranjería que acaso le permite detenerse en el detalle, ponderar la palabra precisa y el ritmo exacto de los versos, entrever los matices más sutiles del idioma. Porque escribir, para Morábito, es también leer, su obsesión central ha sido, desde sus inicios, el estilo literario; el estilo entendido no únicamente como el esmero en la construcción de las oraciones, ni como la búsqueda del adjetivo justo o el giro sintáctico perfecto, sino –sobre todo– como la afirmación, a través del lenguaje, del espíritu y la personalidad de quien escribe, de su peculiar forma de habitar el mundo y comprender la vida. El idioma materno, su libro más reciente, es una feliz exploración de los temas que han poblado desde siempre sus cuentos y sus poemas: la vocación literaria y la comunicación humana; la arbitrariedad lingüística y la tiranía del concepto; la lectura como posibilidad de diálogo; la escritura como sitio de encuentro.

Reseña completa en: http://www.criticismo.com/el-idioma-materno/

martes, 28 de octubre de 2014

Taiye Selasi, Lejos de Ghana, Salamandra, Barcelona, 2014, 348 pp.

Lejos de Ghana, primera novela de Taiye Selasi (Londres, 1979), narra la historia de la familia Sai: el padre, Kweku, es un médico ghanés formado en Estados Unidos que muere de pronto en su casa de Acra; a su muerte, su esposa e hijos –a quienes Kweku había abandonado en América– se reúnen para acudir a su entierro en Ghana, pero esta travesía se convierte, previsiblemente, en un viaje de reconciliación con su pasado, con sus orígenes y con ellos mismos. Hay que decirlo: Lejos de Ghana es una novela ambiciosa que busca retratar la visión particular de esta familia africana –su cultura, sus conflictos, su identidad híbrida–, pero es quizá esta misma ambición la que da pie a algunos de sus más grandes defectos.

Reseña completa en: http://confabulario.eluniversal.com.mx/lejos-de-la-grandeza/

martes, 23 de septiembre de 2014

El sueño de los héroes, de Adolfo Bioy Casares



"Supo, o meramente sintió, que retomaba por fin su destino y que su destino estaba cumpliéndose. También eso lo confirmó.
    No sólo vio su coraje, que se reflejaba con la luna en el cuchillito sereno; vio el gran final, la muerte esplendorosa. Ya en el 27 Gauna entrevió el otro lado. Lo recordó fantásticamente: sólo así puede uno recordar su propia muerte. Se encontró de nuevo en el sueño de los héroes, que inició la noche anterior, en el corralón del rengo Araujo. Comprendió para quién estaba tendido el camino de la alfombra roja y avanzó resueltamente.
    Infiel, a la manera de los hombres, no tuvo un pensamiento para Clara, su amada, antes de morir.
    El Mudo encontró el cuerpo."

jueves, 18 de septiembre de 2014

Dietario voluble, de Enrique Vila-Matas

Termino de leer el Dietario voluble de Enrique Vila-Matas. Mi comentario es breve: Vila-Matas me impresiona, no por su capacidad de construir un universo sólido en torno a la literatura, sino por su empeño en hacer de ésta el núcleo central de una propuesta que encierra, sobre todo, una poética vital. 





"No nos engañemos. Se enfriará este mundo, una estrella entre las estrellas y, por otra parte, una de las más pequeñas del universo, es decir, una gota brillante en el terciopelo azul. Se enfriará este mundo un día y se deslizará en la ciega tiniebla del infinito -ni como una bola de nieve, ni como una nube muerta-, como una nuez vacía. Creo que debemos tener en cuenta esto y amar al mundo en todo momento, amarlo tan conscientemente que podamos al final cada uno de nosotros decir: he vivido."

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Octavio Paz, La llama doble. Amor y erotismo, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2014, 168 pp.



La llama doble, más que ofrecer un recorrido por las distintas nociones del amor en la historia de Oriente y Occidente, busca articular la peculiar idea del amor de Octavio Paz con su poesía, su pensamiento y su propia vida. Sus palabras: “me enamoré. Entonces decidí escribir un pequeño libro sobre el amor” (p. 7). El ensayo, concebido por el poeta durante su estancia en la India (y publicado por primera vez en 1993), reúne los pensamientos, reflexiones, imágenes y metáforas sobre el amor que lo acompañaron siempre en vida y arte.

Texo completo en: http://www.criticismo.com/la-llama-doble-amor-y-erotismo/

miércoles, 13 de agosto de 2014

El mal de Montano

"Por eso puedo decir tranquilamente que, entre la vida y los libros, me quedo con éstos, que me ayudan a entenderla. La literatura me ha permitido siempre comprender la vida. Pero precisamente por eso me deja fuera de ella. Lo digo en serio: está bien así."

[El mal de Montano, Enrique Vila-Matas]

jueves, 12 de junio de 2014

Vivian Abenshushan, Escritos para desocupados, Sur+, Oaxaca, 2013, 300 pp.



Escritos para desocupados surge a partir de un esténcil que Vivian Abenshushan (Ciudad de México, 1972) vislumbró en 2004 en las calles de Buenos Aires. La imagen –el abominable Mr. Burns de Los Simpson– rezaba: “Mate a su jefe: renuncie”. El libro es una serie de ensayos en torno a la vida laboral, el ocio, el copyright, la lectura y el time-sickness; su materia principal es un yo asfixiado por la tiranía del trabajo y las horas nalga.

Reseña completa en: http://www.criticismo.com/escritos-para-desocupados/

martes, 10 de junio de 2014

Rodrigo de Souza Leão, Paula Parisot y Luiz Ruffato

1. “Todo en el mundo comenzó con un sí. Una molécula le dijo sí a otra molécula y nació la vida”. Así inicia La hora de la estrella, novela en la que Clarice Lispector formula más de una pregunta esencial en torno a la escritura: ¿cómo describir algo que carece de palabras que lo signifiquen?, ¿cómo traducir un latido, una textura, o un mero sonido sin forma? En el principio fue el sí, pero antes hubo un silencio: un mundo anterior al verbo. En este universo hueco, amorfo, vacío de lenguaje, el protagonista de Todos los perros son azules habría afirmado: “Todo comenzó con un grillo. Había un grillo en aquel primer día” (p. 19).



Texto completo en:
 http://confabulario.eluniversal.com.mx/tres-novelas-de-brasil/


miércoles, 14 de mayo de 2014

Luigi Amara, Los disidentes del universo, Sexto Piso, México, 2013.



En el prólogo a la edición de 1954, Jorge Luis Borges escribió que la Historia universal de la infamia era“el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias”. En este sentido, las historias —apócrifas, falsas, tergiversadas— que conforman Los disidentes del universo, el último libro de Luigi Amara (ciudad de México, 1971), se encuentran más cerca del Borges de la Historia universal de la infamia que de los Ensayos de Montaigne, pese a que él mismo se empeña en considerar a sus textos “ensayos que podrían llamarse conjeturales”. (p. 13).

Reseña completa en: http://confabulario.eluniversal.com.mx/escritura-de-las-antipodas-2/

jueves, 1 de mayo de 2014

Sergio Galindo, Polvos de arroz, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2013.


Polvos de arroz, novela de Sergio Galindo (Xalapa, 1926) que ahora la Universidad Veracruzana vuelve a publicar, relata la escalofriante historia de Camerina Rabasa, una “quedada” que descubre el amor a sus setenta años y noventa y ocho kilos. Junto a “Los convidados de agosto” de Rosario Castellanos y “Sábado: el verano de la mariposa” de Juan Vicente Melo, esta novelita galindiana es, sin duda, una de las obras mejor logradas del género. Difícilmente puedo imaginar, en la literatura mexicana de solteronas, a un personaje más patético, cómico y conmovedor al mismo tiempo, que Camerina Rabasa, la eterna señorita.

Reseña completa en: http://www.criticismo.com/polvos-de-arroz/

sábado, 26 de abril de 2014

In the mood for love (Wong Kar Wai, 2000)


He remembers those vanished years. As though looking through a dusty window pane, the past is something he could see, but not touch. And everything he sees is blurred and indistinct.

miércoles, 23 de abril de 2014

Funny ha ha (Andrew Bujalski, 2002)


George Steiner



"Nazism, communism, Stalinism have convinced me of this central paradox: bookishness — bookishness, that old English word, it's a good one — bookishness, highest literacy, every technique of cultural propaganda and training not only can accompany bestiality and oppression and despotism but at certain points foster it. We are trained our whole life long in abstraction, in the fictive, and we develop a certain power— allegedly a power—to identify with the fictive, to teach it, to deepen it (how many children has Lady Macbeth?). Then we go into the street and there's a scream and it has a strange unreality."


 George Steiner

martes, 22 de abril de 2014

Goodfellas (Martin Scorsese, 1990)


La grande belleza (Paolo Sorrentino, 2013)



"This is how it always ends. With death. But first there was life, hidden beneath the blah, blah, blah... It's all settled beneath the chitter chatter and the noise, silence and sentiment, emotion and fear. The haggard, inconstant flashes of beauty. And then the wretched squalor and miserable humanity. All buried under the cover of the embarrassment of being in the world, blah, blah, blah... Beyond there is what lies beyond. And I don't deal with what lies beyond. Therefore... let this novel begin. After all... it's just a trick. Yes, it's just a trick."

sábado, 19 de abril de 2014

Man on Wire (James Marsh, 2008)


Computer chess (Andrew Bujalski, 2013)


Sisters (Brian de Palma, 1973)


The hours (Stephen Daldry, 2002)


"Like that morning, when you walked out of that old house and you were, you were eighteen, and maybe I was nineteen. I was nineteen years old, and I'd never seen anything so beautiful. You, coming out of a glass door in your early morning, still sleepy. Isn't it strange, the most ordinary morning in anybody's life? I'm afraid I can't make it to the party, Clarissa. You've been so good to me, Mrs. Dalloway, I love you. I don't think two people could have been happier than we've been"

Nobody's daughter Haewon (Hong Sang-soo, 2013)


Pina (Wim Wenders, 2011)


"What are we longing for? Where does all this yearning come from?"

viernes, 18 de abril de 2014

Libro del desasosiego, 25

“Y yo, verdaderamente yo, soy el centro que no existe en esto sino mediante una geometría del abismo; soy la nada en torno a la cual gira este movimiento, sin que ese centro exista sino porque todo círculo lo tiene. Yo, verdaderamente yo, soy el pozo sin muros, pero con la viscosidad de los muros, el centro de todo con la nada alrededor.
       Y es, en mí, como si el infierno mismo riese, sin por lo menos la humanidad de los diablos riéndose, la locura graznada del universo muerto, el cadáver rodante del espacio físico, el fin de todos los mundos fluctuando negro al viento, disforme, anacrónico, sin Dios que lo hubiese creado, sin él mismo que está rodando en las tinieblas de las tinieblas, imposible, único, todo.”

jueves, 17 de abril de 2014

Libro del desasosiego, 2 (ed. Ángel Crespo)

Leo el Libro del desasosiego de Bernardo Soares, edición de Ángel Crespo, que hace un par de años leí con prisa, muy a la carrera, en mi curso de Literatura Mundial. Lo he leído posteriormente, a ratos, con el mismo descuido, pero sólo ahora que intento volcarme en él, ahora que intento disolverme por completo en su lectura, empiezo a intuir el efecto -el tremendo impacto- que recibiré al término del libro. 

Tras las primeras páginas, me encuentro con este fragmento: 

"Consid
ero a la vida como una posada en la que tengo que quedarme hasta que llegue la diligencia del abismo. No sé a dónde me llevará, porque no sé nada". (p. 22)

miércoles, 16 de abril de 2014

Shakespeare, vivo



Por Javier Marías 



Sé de numerosos escritores que leyeron a los más grandes en su temprana juventud —quizá cuando sólo eran lectores— y luego jamás vuelven a ellos. En parte lo entiendo: resulta desalentador, disuasorio, incluso deprimente, asomarse a las páginas más sublimes de la historia de la literatura. “Existiendo esto”, se dice uno (yo el primero), “¿qué sentido tiene que llene folios con mis tonterías? No sólo nunca alcanzaré estas alturas o esta profundidad, sino que en realidad es superfluo añadir ni una letra. Casi todo se ha dicho ya, y además de la mejor manera posible”. Hay escritores, por tanto, que para sobrevivir como tales y encontrar el ánimo para pasar meses o años ante el ordenador o la máquina, necesitan fingir que no han existido Shakespeare ni Cervantes ni Dante ni Proust, ni Faulkner ni Montaigne ni Conrad ni Hölderlin ni Flaubert ni James, ni Dickens ni Baudelaire ni Eliot ni Melville ni Rilke, ni muchos más seguramente. Lo último que se les ocurre es regresar a sus textos, al menos mientras trabajan, porque el pensamiento consecuente suele ser: “Mejor me quedo callado y no doy a las exhaustas imprentas otra obra más: ya hay demasiadas, y la mayoría están de sobra. Por cálculo de probabilidades, sin duda las mías también”. Para quienes estamos en activo la frecuentación de los clásicos puede ser más paralizante y esterilizadora que nuestros mayores pánicos e inseguridades, y créanme que, excepto los muy soberbios (los hay, los hay), no hay novelista ni poeta que no se vea asaltado por ellos, antes, durante y después de la escritura.
Quizá por esa extendida evitación sorprende un poco —quizá por eso se me haya solicitado esta pieza— que alguien como yo, todavía en activo y más o menos contemporáneo, esté en permanente contacto (sería presuntuosa la palabra “diálogo”) con el más intimidatorio de cuantos escritores han sido, Shakespeare, hasta el punto de incorporarlo a menudo a mis propios textos, en los que lo cito, lo comento, lo parafraseo; está presente en muchos de ellos. De hecho le debo tanto que seis títulos de libros míos son citas o “adaptaciones” de Shakespeare, y aún pueden ser siete si la novela que acabo de terminar conserva finalmente el provisional que la ronda. No es que desconozca esa admiración desalentadora, ese estupor disuasorio que producen los más grandes autores, al lado de los cuales uno siempre se siente un iluso o un fatuo. Vivimos en una época en la que el deslumbramiento por los vivos está casi descartado, porque está más vigente que nunca aquel viejo lema, creo que medieval: “Nadie es más que nadie”. Cada vez está más generalizada la negativa a reconocer la “superioridad” de nadie en ningún campo (salvo en el deportivo), y hoy sería poco imaginable la reacción del narrador de El malogrado, de Thomas Bernhard, quien abandona su carrera pianística al coincidir con Glenn Gould y darse cuenta de que, por competente que llegara a ser, jamás se aproximaría al talento y al virtuosismo del intérprete canadiense. Cualquier artista actual está obligado a suprimir —o a silenciar, al menos— la admiración por sus colegas vivos, más aun si son compatriotas suyos o escriben en la misma lengua. Incluso hemos llegado a un punto en el que, para sobrevivir, también hace falta desacreditar a los muertos —qué molestia son, qué incordio, cómo nos hacen sombra, cómo subrayan nuestras deficiencias y nuestra mediocridad—; o, si no tanto, hacer caso omiso de ellos y desde luego rehuirlos. No son escasos los literatos que hoy afirman no haber leído apenas —ya les trae cuenta— y tener como referencias únicas el cine, la televisión, los cómics o los videojuegos. El propio, posible talento con las palabras no se ve amenazado si uno ignora lo que otros lograron con ellas.

Supongo que, en este mundo temeroso y mezquino, mi actitud es anacrónica. Frecuento a Shakespeare porque para mí es una fuente de fertilidad, un autor estimulante. Lejos de desanimarme, su grandeza y su misterio me invitan a escribir, me espolean, incluso me dan ideas: las que él sólo esbozó y dejó de lado, las que se limitó a sugerir o a enunciar de pasada y decidió no desarrollar ni adentrarse en ellas. Las que no están expresas y uno debe “adivinar”. Por eso he hablado de misterio: Shakespeare, entre tantísimas otras, posee una característica extraña; al leérselo o escuchárselo, se lo comprende sin demasiadas dificultades, o el encantamiento en que nos envuelve nos obliga a seguir adelante. Pero si uno se detiene a mirar mejor, o a analizar frases que ha comprendido en primera instancia, se percata a menudo de que no siempre las entiende, de que resultan enigmáticas, de que contienen más de lo que dicen, o de que, además de decir lo que dicen, dejan flotando en el aire una niebla de sentidos y posibilidades, de resonancias y ecos, de ambigüedades y contradicciones; de que no se agotan ni se acaban en su propia formulación, ni por lo tanto en lo escrito.
En mis novelas he puesto ejemplos: “It is the cause, it is the cause, my soul” (“Es la causa, es la causa, alma mía”), así inicia Otelo su famoso monólogo antes de matar a Desdémona. El lector o el espectador leen o escuchan eso tranquilamente por enésima vez, lo comprenden. Y sin embargo, ¿qué demonios quiere decir? Porque Otelo no dice “She is the cause” ni “This is the cause” (“Ella es la causa” o “Esta es la causa”), que resultarían más claros y más fáciles de entender. O cuando a Macbeth le comunican la muerte de Lady Macbeth, murmura: “She should have died hereafter” (“Debería haber muerto más adelante”, más o menos). ¿Y eso qué significa —esa célebre frase—, cuando la situación es ya desesperada y el propio Macbeth morirá en seguida? También Lady Macbeth, tras empaparse las manos con la sangre del Rey Duncan que su marido ha asesinado, vuelve a este y le dice: “My hands are of your color; but I shame to wear a heart so white” (“Mis manos son de tu color; pero me avergüenzo de llevar un corazón tan blanco”). No se sabe bien qué significa ahí “blanco”, si inocente y sin mácula, si pálido, asustado o cobarde. Por mucho que ella quiera compartir el sino de Macbeth, ensangrentándose las manos, lo cierto es que la asesina no ha sido ella, o sólo por inducción, instigación o persuasión. Su marido es el único que se ha manchado el corazón de veras.

Son ejemplos de los que me he valido en el pasado. Pero hay centenares más. (“¡Ojalá fuera tan grande como mi pesar, o más pequeño mi nombre! ¡Ojalá pudiera olvidar lo que he sido, o no recordar lo que ahora debo ser!”, dice Ricardo II en su hora peor). Las historias de Shakespeare rara vez son originales, rara vez de su invención. Es una prueba más de lo secundario de los argumentos y de la importancia del tratamiento. Es su verbo, es su estilo, el que abre brechas por las que otros nos podemos atrever a asomarnos. Señala sendas recónditas que él no exploró a fondo y por las que nos tienta a aventurarnos. Quizá por eso sigue siendo el clásico más vivo, al que se adapta y representa sin cesar; el que sobrevuela películas y series de televisión oceánicas como El señor de los anillos, Los Soprano, El padrino o Juego de tronos, o más superficialmente House of Cards. A él sí osamos volver. No sólo yo, desde luego, aunque en mi caso no haya la menor ocultación. Lo reconozcan o no otros autores, a los cuatrocientos cincuenta años de su nacimiento y a los trescientos noventa y ocho de su muerte, Shakespeare sigue siendo el que corre más por nuestras venas y el mayor inspirador de nuestros balbuceos.
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/15/actualidad/1397581546_684565.html

martes, 1 de abril de 2014

martes, 25 de marzo de 2014

El tedio según Pessoa


"Todo está vacío, hasta en la propia idea de lo que es. Todo eso está dicho en otra lengua, incomprensible para nosotros, meros sonidos de sílabas sin forma en el entendimiento. La vida es hueca, el alma es hueca, el mundo es hueco. Todos los dioses mueren de una muerte mayor que la muerte. Todo está más vacío que el vacío. Todo es un caos de nada.

      Si pienso esto y miro para ver si la realidad mata mi sed, veo casas inexpresivas, caras inexpresivas, gestos inexpresivos. Piedras, cuerpos, ideas -todo está muerto-. Todos los movimientos son paradas, la misma parada todos ellos. Nada me dice nada. Nada me es conocido, no porque yo lo extrañe sino porque no sé lo que es. Se perdió el mundo. Y en el fondo de mi alma- como única realidad de este momento- hay una aflicción intensa e invisible, una tristeza como el sonido de quien llora en un cuarto oscuro."

(Fernando Pessoa)

lunes, 24 de febrero de 2014

"Las cosas" (Borges)

El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde

una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

martes, 11 de febrero de 2014

"¿Para qué quiero tu alma? Me dice. El alma es el patrimonio de los débiles, de los héroes tullidos y las gentes enfermizas. Las almas hermosas están en los bordes de la muerte, reclinadas sobre cabelleras blanquísimas y manos macilentas. Belisa, ¡no es tu alma lo que yo deseo!, ¡sino tu blanco y mórbido cuerpo estremecido!"

Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, de Federico García Lorca

sábado, 25 de enero de 2014

"Despedida", Gabriel Zaid

A punto de morir,
vuelvo para decirte no sé qué
de las horas felices.
Contra la corriente.

No se si lucho para no alejarme
de la conversación en tus orillas
o para restregarme en el placer
de ir y venir del fin del mundo.

¿En qué momento pasa de la página al limbo,
creyendo aún leer, el que dormita?
La corza en tierra salta para ser perseguida

hasta el fondo del mar por el delfín,
que nada y se anonada, que se sumerge
y vuelve para decirte no sé qué.

Gabriel Zaid

domingo, 19 de enero de 2014

El paso del tiempo según Woolf

“Ningún cambio es ya posible. Todos nosotros estamos comprometidos en la vida. Antaño, cuando nos reunimos en un restaurante, alrededor de Percival todo borbotaba y se estremecía: entonces hubiéramos podido llegar a ser cualquier cosa. Ahora ya hemos escogido o quizás la elección fue hecha para nosotros: un par de pinzas nos han prendido por la piel del cuello. Yo he escogido. Acepté las huellas de la vida, no por fuera, sino en mi interior, sobre mis fibras desnudas, blancas, sin protección. Estoy envuelto y herido por las huellas dejadas por rostros, por espíritus y por cosas tan sutiles que poseen olor, color, contextura, substancia, pero carecen de nombre […]”



“Antaño era diferente –dijo Bernardo–. Antaño podíamos desviar la corriente a nuestro antojo. […] ¡Con cuánta rapidez corre ahora la vida desde enero a diciembre! …Somos arrastrados por el torrente de las cosas, que se han tornado tan familiares que ya no proyectan sombras. Ahora no establecemos comparaciones: yo piensos raramente en mí mismo o en ustedes, y en esta inconsciencia alcanzo la máxima liberación de los rozamientos de la vida y consigo apartar mejor las malezas que se entrelazan en las bocas de los subterráneos abandonados. […] Yo sé que ahora no me embarcaré jamás para las Islas del Sur. Una excursión a Roma constituye el límite de mis viajes. Tengo hijos e hijas. Soy prisionero del lugar que ocupo dentro del rompecabezas.”

Las olas, Virginia Woolf

miércoles, 8 de enero de 2014

Sobre el libro

There is no Frigate like a Book
To take us Lands away
Nor any Coursers like a Page
Of prancing Poetry.


This Traverse may the poorest take
Without oppress of Toll –
How frugal is the Chariot
That bears the Human Soul.

Emily Dickinson