domingo, 19 de enero de 2014

El paso del tiempo según Woolf

“Ningún cambio es ya posible. Todos nosotros estamos comprometidos en la vida. Antaño, cuando nos reunimos en un restaurante, alrededor de Percival todo borbotaba y se estremecía: entonces hubiéramos podido llegar a ser cualquier cosa. Ahora ya hemos escogido o quizás la elección fue hecha para nosotros: un par de pinzas nos han prendido por la piel del cuello. Yo he escogido. Acepté las huellas de la vida, no por fuera, sino en mi interior, sobre mis fibras desnudas, blancas, sin protección. Estoy envuelto y herido por las huellas dejadas por rostros, por espíritus y por cosas tan sutiles que poseen olor, color, contextura, substancia, pero carecen de nombre […]”



“Antaño era diferente –dijo Bernardo–. Antaño podíamos desviar la corriente a nuestro antojo. […] ¡Con cuánta rapidez corre ahora la vida desde enero a diciembre! …Somos arrastrados por el torrente de las cosas, que se han tornado tan familiares que ya no proyectan sombras. Ahora no establecemos comparaciones: yo piensos raramente en mí mismo o en ustedes, y en esta inconsciencia alcanzo la máxima liberación de los rozamientos de la vida y consigo apartar mejor las malezas que se entrelazan en las bocas de los subterráneos abandonados. […] Yo sé que ahora no me embarcaré jamás para las Islas del Sur. Una excursión a Roma constituye el límite de mis viajes. Tengo hijos e hijas. Soy prisionero del lugar que ocupo dentro del rompecabezas.”

Las olas, Virginia Woolf

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