Leo el Libro del desasosiego de Bernardo Soares, edición de Ángel Crespo, que hace un par de años leí con prisa, muy a la carrera, en mi curso de Literatura Mundial. Lo he leído posteriormente, a ratos, con el mismo descuido, pero sólo ahora que intento volcarme en él, ahora que intento disolverme por completo en su lectura, empiezo a intuir el efecto -el tremendo impacto- que recibiré al término del libro.
Tras las primeras páginas, me encuentro con este fragmento:
"Considero a la vida como una posada en la que tengo que quedarme hasta que llegue la diligencia del abismo. No sé a dónde me llevará, porque no sé nada". (p. 22)
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