A propósito de la muerte de Piglia, un fragmento de 'Blanco nocturno' que siempre me deja como hechizada:
"Hay algunos hombres -dijo después- que sobreviven a todas las catástrofes, a todos los tormentos, digamos, porque tienen una convicción absoluta y una simpatía que los hace admirables. Un resplandor en el fondo de los ojos que alumbra la luz de los demás, una capacidad de inspirar afecto, no, no, no es afecto, es comprensión, y Luca es así. Cualquiera que enfrente todo lo que mi hermano tuvo que enfrentar habría capitulado, pero él no. Imposible, él es un obsesionado, capaz de borrar el mundo y seguir adelante persiguiendo la luz de la perfección hasta que al final, claro, choca con la realidad."
domingo, 8 de enero de 2017
jueves, 5 de enero de 2017
Aes Triplex
En un magistral ensayo, titulado Aes Triplex –frase que proviene de un verso de Horacio, "Aes triplex circa pectus", que significa "tres láminas de bronce alrededor del corazón"–, Stevenson nos invita a no perder el coraje: la vida, nos dice (y es algo que pudo comprobar él mismo), es dura y está llena de peligros. Es como un bote que se hunde constantemente o como una vela que se apaga. Pese a ello, no podemos salir huyendo: tenemos que armarnos de valor, levantarnos, enfrentar nuestros miedos: proteger nuestro corazón con esas láminas de bronce y explorar el mar. Con optimismo, con valor, con temeridad, con buen humor: por muy difícil que nos resulte, por mucho que la vida nos plantee dificultades, es necesario entrenarnos, conocernos, aprender a lidiar con nosotros mismos.
Sobre 2016...
2016 fue un año peculiar. Algunos de mis amigos se casaron, otros tuvieron hijos; otros cambiaron de trabajo, de pareja, de ciudad o de país. Yo, por mi parte, siento que no cambio. A veces creo que todo se mueve a una velocidad vertiginosa y que yo permanezco igual; a veces pienso que debería apresurarme, ir más deprisa, correr más rápido. Que debería ponerme a hacer las cosas que (según me dijeron) se hacían a esta edad. Pero luego miro atrás y me doy cuenta de que, gracias a mi lentitud, he tenido la oportunidad de hacer cosas muy interesantes y de conocer a gente muy especial: mis alumnos –que me escriben siempre para preguntarme qué demonios pasa en Pedro Páramo–; mis amigos –los de aquí y los de allá, que me acompañan en todo momento–; mi familia –la de Salamanca, que me ha hecho sentir como en casa, y la de México, que pese a la distancia no se ha olvidado de mí–. Y entonces pienso que, quizá, mi lentitud no sea otra cosa que una virtud. Que los años que vienen seguramente serán difíciles, pero que, si voy paso a paso, tal vez, con suerte, logre encontrar aquello que vine a buscar a Barcelona. En todo caso, aunque este año he vivido, como todos, aventuras y desventuras (y el 2017 no será radicalmente distinto), he llegado a la conclusión de que lo importante es mantener siempre una actitud valiente, alegre y optimista, plagada de sentido del humor. En esto –y creo que Montaigne, Stevenson, Cervantes estarían de acuerdo conmigo– consiste el arte de vivir.
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