miércoles, 27 de julio de 2016

The Tragedy of Mister Morn, V. Nabokov


"You will leave; we'll forget one another;
but now and then the name of a street,
or a street organ weeping in the twilight,
will remind us in a more vivid and more
truthful way than thought could resurrect
or words convey, of that main thing which
was between us, the main thing which
we do not know...
And in that hour when the soul
will sense the charm of past trifles—
the soul will understand that in eternity all is eternal:
the genius' thought and the neighbour's joke,
the bewitched suffering of Tristan
and the most fleeting love."
—The Tragedy of Mister Morn, V. Nabokov

viernes, 22 de julio de 2016

El mago de Viena




Leo (tardíamente, para variar) El mago de Viena de Sergio Pitol. Es, quizá, una de las grandes revelaciones que he tenido en los últimos años: mezcla de varios géneros –ensayo, narración, autobiografía–, el libro da cuenta de un lector, Pitol, incapaz de concebir su vida sin la literatura: vive para leer y, sobre todo, lee para vivir. Cada periodo de su existencia está enmarcado en una lectura: de Flann O' Brien a Joseph Conrad, de Evelyn Waugh a Antón Chéjov, su escritura es, a su vez, una prolongación natural del acto de leer. Transcribo dos fragmentos:


"Me parece recordar que en los días peores, cuando ni siquiera podía fijar los ojos en los libros, me complacía pensar en el lenguaje, ese don prodigioso que nos fue otorgado desde el inicio. El escritor sabe que su vida está en el lenguaje, que su felicidad o su desdicha dependen de él. He sido un amante de la palabra, he sido su siervo, un explorador sobre su cuerpo, un topo que vaga en su subsuelo; soy también su inquisidor, su abogado, su verdugo. Soy el ángel de la guarda y la aviesa serpiente, la manzana, el árbol y el demonio. Babel: todo se vuelve confusión [...]".


"Aquello que da unidad a mi existencia es la literatura; todo lo vivido, pensado, añorado, imaginado está contenido en ella. Más que un espejo es una radiografía: es el sueño de lo real" (p. 42).

lunes, 4 de julio de 2016

Bestiario de animales extraordinarios


I. Bestias peludas

PELUSA

Me convertí en exploradora porque no podía dormir. Una noche bajé de mi cama, tomé la linterna y decidí explorar el mundo que se encontraba ahí abajo. Era muy distinto del mundo real: encontré calcetines con pies en vez de pies en calcetines, muñequitas somnolientas e, incluso, una plantación de cacahuates de muchos siglos de antigüedad. Todo un ecosistema. Pero de todas esas cosas extraordinarias la mejor era, sin duda, mi pelusa.
        Nos hicimos amigas y yo la visitaba todas las noches. Compartíamos impresiones: yo le contaba cómo eran mi habitación y mis juguetes, y ella me describía los problemas que ocasionaba en su mundo la sobrepoblación de cacahuates. Una noche, al bajar de mi cama, no la encontré. ¡Había desaparecido! Pregunté a los calcetines si la habían visto (a las muñequitas no porque no parecían tener ánimos) y me dijeron que no. Después de mucho investigar, los cacahuates me explicaron que mi amiga había sido succionada por un monstruo parecido a una peluca gigantesca. ¡No podía ser! Yo me consterné mucho y decidí llegar al fondo del asunto. Noche tras noche, por un largo periodo de tiempo, regresé al mundo de abajo para ver si lograba averiguar algo más sobre el secuestro. Pero nadie, nadie, sabía nada, y lo único que podía hacer era sentirme infinitamente triste. Había perdido a mi amiga para siempre.
        Una noche bajé y encontré a otra pelusa. No era mi pelusa extraviada, por supuesto, pero después de un par de noches nos hicimos amigas. Yo estaba muy contenta porque había hecho una nueva amiga. Esta vez, nadie me la quitaría. Ni la monstruosa peluca gigante. Una noche, sin embargo, ella apareció: enorme y verdaderamente fea. Una peluca como ninguna otra, blanca y voraz. Mi amiga no tenía nada que temer porque yo la defendería a capa y espada. ¡Nos enfrentamos con furor! ¡Fue un duelo a muerte!…Hasta que me percaté de que la peluca no estaba sola: la acompañaba (o más bien se adhería a ella) una especie de palo que llegaba hasta el cielo. Lo seguí con la mirada y encontré a una figura conocida: mamá.
        Ella me preguntó, enojadísima, qué diablos hacía escondida debajo de la cama y después se soltó a hablar, con una fluidez que yo consideré admirable, sobre la importancia de la limpieza en el hogar. La escuché en silencio, pero no podía comprender el porqué de tanto alboroto: para mí, todo estaba muy claro. Así que finalmente pregunté : “Bueno, mamá, ¿qué es más importante: la higiene o la amistad?”

Vuelta a Calvin y Hobbes



Debo buena parte de mi educación sentimental a un niño de seis años con un tigre imaginario. No recuerdo el momento ni las circunstancias en que descubrí Calvin y Hobbes, pero sí la imagen que acompaña a aquel descubrimiento: en una noche oscura, plagada de estrellas, Calvin clamaba al universo: “¡Soy importante!” Para inmediata y pascalianamente añadir: “gritó la mota de polvo...” No sé si fue la simplicidad de aquella escena o la candidez del personaje; el caso es que esa tira me persiguió incansablemente hasta que un día me crucé con The complete Calvin and Hobbes.

El texto completo está en: http://www.letraslibres.com/revista/letrillas/vuelta-calvin-y-hobbes