lunes, 4 de julio de 2016

Bestiario de animales extraordinarios


I. Bestias peludas

PELUSA

Me convertí en exploradora porque no podía dormir. Una noche bajé de mi cama, tomé la linterna y decidí explorar el mundo que se encontraba ahí abajo. Era muy distinto del mundo real: encontré calcetines con pies en vez de pies en calcetines, muñequitas somnolientas e, incluso, una plantación de cacahuates de muchos siglos de antigüedad. Todo un ecosistema. Pero de todas esas cosas extraordinarias la mejor era, sin duda, mi pelusa.
        Nos hicimos amigas y yo la visitaba todas las noches. Compartíamos impresiones: yo le contaba cómo eran mi habitación y mis juguetes, y ella me describía los problemas que ocasionaba en su mundo la sobrepoblación de cacahuates. Una noche, al bajar de mi cama, no la encontré. ¡Había desaparecido! Pregunté a los calcetines si la habían visto (a las muñequitas no porque no parecían tener ánimos) y me dijeron que no. Después de mucho investigar, los cacahuates me explicaron que mi amiga había sido succionada por un monstruo parecido a una peluca gigantesca. ¡No podía ser! Yo me consterné mucho y decidí llegar al fondo del asunto. Noche tras noche, por un largo periodo de tiempo, regresé al mundo de abajo para ver si lograba averiguar algo más sobre el secuestro. Pero nadie, nadie, sabía nada, y lo único que podía hacer era sentirme infinitamente triste. Había perdido a mi amiga para siempre.
        Una noche bajé y encontré a otra pelusa. No era mi pelusa extraviada, por supuesto, pero después de un par de noches nos hicimos amigas. Yo estaba muy contenta porque había hecho una nueva amiga. Esta vez, nadie me la quitaría. Ni la monstruosa peluca gigante. Una noche, sin embargo, ella apareció: enorme y verdaderamente fea. Una peluca como ninguna otra, blanca y voraz. Mi amiga no tenía nada que temer porque yo la defendería a capa y espada. ¡Nos enfrentamos con furor! ¡Fue un duelo a muerte!…Hasta que me percaté de que la peluca no estaba sola: la acompañaba (o más bien se adhería a ella) una especie de palo que llegaba hasta el cielo. Lo seguí con la mirada y encontré a una figura conocida: mamá.
        Ella me preguntó, enojadísima, qué diablos hacía escondida debajo de la cama y después se soltó a hablar, con una fluidez que yo consideré admirable, sobre la importancia de la limpieza en el hogar. La escuché en silencio, pero no podía comprender el porqué de tanto alboroto: para mí, todo estaba muy claro. Así que finalmente pregunté : “Bueno, mamá, ¿qué es más importante: la higiene o la amistad?”

Vuelta a Calvin y Hobbes



Debo buena parte de mi educación sentimental a un niño de seis años con un tigre imaginario. No recuerdo el momento ni las circunstancias en que descubrí Calvin y Hobbes, pero sí la imagen que acompaña a aquel descubrimiento: en una noche oscura, plagada de estrellas, Calvin clamaba al universo: “¡Soy importante!” Para inmediata y pascalianamente añadir: “gritó la mota de polvo...” No sé si fue la simplicidad de aquella escena o la candidez del personaje; el caso es que esa tira me persiguió incansablemente hasta que un día me crucé con The complete Calvin and Hobbes.

El texto completo está en: http://www.letraslibres.com/revista/letrillas/vuelta-calvin-y-hobbes

lunes, 27 de junio de 2016

Patricia Highsmith, Carol, Anagrama, Barcelona, 2016, 325 pp.

Carol, más que una historia de amor entre dos mujeres, es una novela sobre la apropiación del deseo: “Y ahora piensa un deseo– dijo Richard. Therese lo pensó. Pensó en Carol” (p. 105). El libro, publicado en 1952 bajo el título de The Price of Salt, narra la tortuosa travesía de Carol y Therese hacia una relación. ¿Qué representa, en una época que ha sido testigo de la revolución sexual y el matrimonio entre personas del mismo sexo, la relectura de un libro como Carol?

Reseña completa en: http://www.criticismo.com/carol/

viernes, 24 de junio de 2016

Francisco González Crussí, El rostro y el alma, Debate, México, 2014, 249 pp.



En “El rostro de una muerte muy trivial”, Francisco González Crussí (Ciudad de México, 1936) escribe: “De todos los objetos que podemos ver, ninguno ocupa una parte tan grande de nuestros pensamientos y emociones como… ‘la cara’. Y es que en ella se encarnan, supremamente condensadas, la fuerza y la fragilidad enteras de la condición humana”. El rostro y el alma, su libro más reciente, es una compleja, y a la vez amena, indagación en la doble naturaleza del semblante: lo que oculta y lo que revela, el interior y el exterior. Porque la cara no es únicamente una parte visible del cuerpo humano; es también, sobre todo, una entidad sensible en cuyas líneas se puede leer la historia de un individuo: “los rostros hablan, aún sin tener voz” (p. 92).

Reseña completa en: http://www.criticismo.com/el-rostro-y-el-alma/

viernes, 25 de marzo de 2016

De Quincey, Hazlitt, Dickens, et al., El arte del paseo inglés, Tumbona, México, 2015, 214 pp.




Liliana Muñoz

Escribir esta reseña desde Monterrey, una de las ciudades más hostiles para el arte de caminar, es una suerte de ironía: para una metrópolis cuya forma de vida se centra en la disponibilidad de un auto, la experiencia del paseo se antoja una práctica inusual, cuando no reprobable. Este mundo vertiginoso –regido por la cultura del trabajo incesante– no solo no da cabida a la caminata como práctica estética, sino que también la considera una actividad ociosa, trivial, una absoluta pérdida de tiempo. El arte del paseo inglés (Tumbona ediciones, 2015) reúne una serie de ensayos en torno a lo que Arthur Machen denominaba el “Gran Arte de Londres”: la caminata sin rumbo. De Quincey, Hazlitt, Stevenson, Woolf y Machen son algunos de los autores que conforman esta antología.

Reseña completa en: http://www.criticismo.com/el-arte-del-paseo-ingles/

viernes, 18 de marzo de 2016

Luigi Amara, Historia descabellada de la peluca, Anagrama, Barcelona, 2014, 234 pp.

Historia descabellada de la peluca, de Luigi Amara, no es únicamente una pilosa reflexión sobre la naturaleza del cabello y los postizos; el libro es un recorrido por las distintas pelucas que ha adoptado la humanidad en sus esfuerzos por reinventarse o esconderse: “Al fin y al cabo, si Baudelaire descubrió que hay un mundo en la cabellera, ¿por qué no dar un paso adelante y contar la historia del mundo a partir de la peluca?” (p. 12)



Reseña completa en: http://www.criticismo.com/historia-descabellada-de-la-peluca/


domingo, 22 de noviembre de 2015

Alberto Manguel, El viajero, la torre y la larva. El lector como metáfora, Fondo de Cultura Económica, México, 2014, 129 pp.



Liliana Muñoz



No solo los placeres, sino también las trampas del acto de la lectura son el tema de El viajero, la torre y la larva, el libro más reciente de Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948). Ya en Una historia de la lectura (1998) el autor exploraba los misterios del arte de leer, trazando –con un tono ameno, pero erudito– un recorrido por los momentos clave de la historia de la lectura: de la invención de la imprenta a la fabricación de los lentes; de la lectura pública a la lectura privada; de la quema de libros a la lectura de imágenes; de la escritura cuneiforme a la literatura digital. En El viajero, la torre y la larva, Manguel, tomando como eje tres metáforas de la lectura –el lector como viajero, el lector en la torre de marfil y la larva de los libros–, busca desentrañar las infinitas posibilidades de la experiencia lectora.



Reseña completa en: http://www.criticismo.com/el-viajero-la-torre-y-la-larva-el-lector-como-metafora/