sábado, 25 de enero de 2014

"Despedida", Gabriel Zaid

A punto de morir,
vuelvo para decirte no sé qué
de las horas felices.
Contra la corriente.

No se si lucho para no alejarme
de la conversación en tus orillas
o para restregarme en el placer
de ir y venir del fin del mundo.

¿En qué momento pasa de la página al limbo,
creyendo aún leer, el que dormita?
La corza en tierra salta para ser perseguida

hasta el fondo del mar por el delfín,
que nada y se anonada, que se sumerge
y vuelve para decirte no sé qué.

Gabriel Zaid

domingo, 19 de enero de 2014

El paso del tiempo según Woolf

“Ningún cambio es ya posible. Todos nosotros estamos comprometidos en la vida. Antaño, cuando nos reunimos en un restaurante, alrededor de Percival todo borbotaba y se estremecía: entonces hubiéramos podido llegar a ser cualquier cosa. Ahora ya hemos escogido o quizás la elección fue hecha para nosotros: un par de pinzas nos han prendido por la piel del cuello. Yo he escogido. Acepté las huellas de la vida, no por fuera, sino en mi interior, sobre mis fibras desnudas, blancas, sin protección. Estoy envuelto y herido por las huellas dejadas por rostros, por espíritus y por cosas tan sutiles que poseen olor, color, contextura, substancia, pero carecen de nombre […]”



“Antaño era diferente –dijo Bernardo–. Antaño podíamos desviar la corriente a nuestro antojo. […] ¡Con cuánta rapidez corre ahora la vida desde enero a diciembre! …Somos arrastrados por el torrente de las cosas, que se han tornado tan familiares que ya no proyectan sombras. Ahora no establecemos comparaciones: yo piensos raramente en mí mismo o en ustedes, y en esta inconsciencia alcanzo la máxima liberación de los rozamientos de la vida y consigo apartar mejor las malezas que se entrelazan en las bocas de los subterráneos abandonados. […] Yo sé que ahora no me embarcaré jamás para las Islas del Sur. Una excursión a Roma constituye el límite de mis viajes. Tengo hijos e hijas. Soy prisionero del lugar que ocupo dentro del rompecabezas.”

Las olas, Virginia Woolf

miércoles, 8 de enero de 2014

Sobre el libro

There is no Frigate like a Book
To take us Lands away
Nor any Coursers like a Page
Of prancing Poetry.


This Traverse may the poorest take
Without oppress of Toll –
How frugal is the Chariot
That bears the Human Soul.

Emily Dickinson

lunes, 30 de diciembre de 2013

Es preciso destruir el propósito de todos los puentes,
vestir de alienación los paisajes de todas las tierras,
enderezar por fuerza la curva de los horizontes,
y gemir por tener que vivir, como un ruido brusco de sierras...

Fernando Pessoa, "La hora absurda"
"The past is never dead. It's not even past."

William Faulkner, Requiem for a Nun

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Leonora Carrington, Leche del sueño (adaptación infantil y edición facsimilar), Fondo de Cultura Económica, México, 2013.


La obra de Leonora Carrington (Inglaterra, 1917) plantea siempre, en cualquiera de sus formas, un desafío a lo inescrutable, a la extraña belleza que define a los sueños y las pesadillas. En el fondo, las creaciones de Carrington parecen partir de la noción de que sólo a través del arte –del enigma que es el arte– se puede acceder a la totalidad del ser humano, no a su superficie o a su realidad inmediata sino a esa “otra realidad”, la del reverso, en donde habitan los miedos y el deseo. Leche del sueño es un universo conformado por criaturas híbridas, seres ambiguos que dialogan en todo momento con el misterio que los invade o los rodea. La doble publicación (edición facsimilar y adaptación infantil) permite apreciar Leche del sueño en parte como lo que es en realidad –una libreta, con la prosa improvisada de Leonora, sus bocetos y notas al margen–, pero también como una obra concluida y depurada, pues la edición infantil prescinde de algunos de los textos más breves del facsímil. De cualquier modo, Leche del sueño es, en esencia, un libro en donde los protagonistas –Juan sin cabeza, el niño Jorge, Humberto el Bonito, entre otros– se enfrentan a sí mismos y al mundo adulto con las únicas armas que poseen: la risa, el disparate y la travesura.

Reseña completa en Criticismo: http://criticismo.com/leche-del-sueno-adaptacion-infantil-y-edicion-facsimilar/

sábado, 30 de noviembre de 2013

Héctor Manjarrez, Anoche dormí en la montaña, Ediciones Era, México, 2013




Héctor Manjarrez (Ciudad de México, 1945) ha sido objeto de opiniones muy disímiles: cronista sentimental de una época –los sesenta, con sus ilusiones y su posterior desencanto-, atado a ciertas convenciones que lindan la caducidad o el olvido, pero a fin de cuentas inclasificable y heterogéneo. Una cosa es innegable: pocos autores mexicanos han alcanzado, como Manjarrez, el cuidado y el rigor en el manejo de la prosa, particularmente en el cuento, en donde hallamos quizá sus mejores páginas. Manjarrez es un autor plenamente consciente de su vocación; en cuatro décadas ha publicado tres volúmenes de cuentos (Acto propiciatorio, No todos los hombres son románticos y Ya casi no tengo rostro), algunas novelas (Yo te conozco, Pasaban en silencio nuestros dioses, La maldita pintura y Rainey, el asesino) y un par de libros de ensayos (de entre los que destaca El camino de los sentimientos), una cifra relativamente modesta para alguien que lleva tantos años escribiendo y que posee, además, una prosa tan bien lograda. Su más reciente y cuarto libro de cuentos, Anoche dormí en la montaña (2013), contiene en esencia lo mejor y lo menos afortunado del autor.



Reseña completa en: http://confabulario.eluniversal.com.mx/las-varias-estaciones-de-un-prosista