sábado, 30 de noviembre de 2013

Héctor Manjarrez, Anoche dormí en la montaña, Ediciones Era, México, 2013




Héctor Manjarrez (Ciudad de México, 1945) ha sido objeto de opiniones muy disímiles: cronista sentimental de una época –los sesenta, con sus ilusiones y su posterior desencanto-, atado a ciertas convenciones que lindan la caducidad o el olvido, pero a fin de cuentas inclasificable y heterogéneo. Una cosa es innegable: pocos autores mexicanos han alcanzado, como Manjarrez, el cuidado y el rigor en el manejo de la prosa, particularmente en el cuento, en donde hallamos quizá sus mejores páginas. Manjarrez es un autor plenamente consciente de su vocación; en cuatro décadas ha publicado tres volúmenes de cuentos (Acto propiciatorio, No todos los hombres son románticos y Ya casi no tengo rostro), algunas novelas (Yo te conozco, Pasaban en silencio nuestros dioses, La maldita pintura y Rainey, el asesino) y un par de libros de ensayos (de entre los que destaca El camino de los sentimientos), una cifra relativamente modesta para alguien que lleva tantos años escribiendo y que posee, además, una prosa tan bien lograda. Su más reciente y cuarto libro de cuentos, Anoche dormí en la montaña (2013), contiene en esencia lo mejor y lo menos afortunado del autor.



Reseña completa en: http://confabulario.eluniversal.com.mx/las-varias-estaciones-de-un-prosista

jueves, 7 de noviembre de 2013

Paul Auster y J. M. Coetzee, Aquí y ahora. Cartas 2008-2011, Anagrama-Mondadori, Barcelona, 2012.

“Mi generación se va poco a poco, ¿los sobreviviré yo?”, escribía George Sand a Flaubert en una de sus cartas. La amistad entre Flaubert y Sand estaba fundada en una correspondencia febril que pone de manifiesto el espíritu archiliterario del primero –a quien solo interesaban el estilo y la perfección literarios– y el menos libresco y más optimista de Sand. En estas cartas resuena con fuerza la experiencia personal, pero también la experiencia estrictamente literaria; su epistolario constituía un serio intento por conciliar la vida con la escritura, además de un espacio en el que ambos podían explorar con libertad sus respectivas obsesiones. Para el lector, el encuentro con este tipo de epistolarios representa una oportunidad privilegiada: la posibilidad de situarse en un espacio en el que dos escritores –más aún, dos amigos escritores– intercambian sus inquietudes vitales y literarias, sus conflictos, las preocupaciones que son también la materia prima de sus ficciones.

Reseña completa en:
http://criticismo.com/aqui-y-ahora-cartas-2008-2011/

Luis Jorge Boone, Tierras insólitas, Almadía, México, 2013.

Por: Liliana Muñoz

Sabemos de antemano que el cuento fantástico es un género difícil de aprehender o explicar pues, por su propia naturaleza, escapa a reglas fijas o convenciones claramente definidas: sus límites son los de la fantasía misma. En México, podemos hallar las primeras vetas de lo fantástico en los relatos de José María Roa Bárcena y Vicente Riva Palacio; sobra señalar, no obstante, que esta “tradición” ha ido evolucionando y su descendencia es, en la actualidad, heterogénea. Tierras insólitas, antología de cuentos fantásticos compilada por Luis Jorge Boone (Monclova, 1977), pretende ser una muestra de la diversidad del género en el panorama de la narrativa mexicana contemporánea.

Reseña completa en:
http://criticismo.com/tierras-insolitas/