viernes, 24 de junio de 2016

Francisco González Crussí, El rostro y el alma, Debate, México, 2014, 249 pp.



En “El rostro de una muerte muy trivial”, Francisco González Crussí (Ciudad de México, 1936) escribe: “De todos los objetos que podemos ver, ninguno ocupa una parte tan grande de nuestros pensamientos y emociones como… ‘la cara’. Y es que en ella se encarnan, supremamente condensadas, la fuerza y la fragilidad enteras de la condición humana”. El rostro y el alma, su libro más reciente, es una compleja, y a la vez amena, indagación en la doble naturaleza del semblante: lo que oculta y lo que revela, el interior y el exterior. Porque la cara no es únicamente una parte visible del cuerpo humano; es también, sobre todo, una entidad sensible en cuyas líneas se puede leer la historia de un individuo: “los rostros hablan, aún sin tener voz” (p. 92).

Reseña completa en: http://www.criticismo.com/el-rostro-y-el-alma/

viernes, 25 de marzo de 2016

De Quincey, Hazlitt, Dickens, et al., El arte del paseo inglés, Tumbona, México, 2015, 214 pp.




Liliana Muñoz

Escribir esta reseña desde Monterrey, una de las ciudades más hostiles para el arte de caminar, es una suerte de ironía: para una metrópolis cuya forma de vida se centra en la disponibilidad de un auto, la experiencia del paseo se antoja una práctica inusual, cuando no reprobable. Este mundo vertiginoso –regido por la cultura del trabajo incesante– no solo no da cabida a la caminata como práctica estética, sino que también la considera una actividad ociosa, trivial, una absoluta pérdida de tiempo. El arte del paseo inglés (Tumbona ediciones, 2015) reúne una serie de ensayos en torno a lo que Arthur Machen denominaba el “Gran Arte de Londres”: la caminata sin rumbo. De Quincey, Hazlitt, Stevenson, Woolf y Machen son algunos de los autores que conforman esta antología.

Reseña completa en: http://www.criticismo.com/el-arte-del-paseo-ingles/

viernes, 18 de marzo de 2016

Luigi Amara, Historia descabellada de la peluca, Anagrama, Barcelona, 2014, 234 pp.

Historia descabellada de la peluca, de Luigi Amara, no es únicamente una pilosa reflexión sobre la naturaleza del cabello y los postizos; el libro es un recorrido por las distintas pelucas que ha adoptado la humanidad en sus esfuerzos por reinventarse o esconderse: “Al fin y al cabo, si Baudelaire descubrió que hay un mundo en la cabellera, ¿por qué no dar un paso adelante y contar la historia del mundo a partir de la peluca?” (p. 12)



Reseña completa en: http://www.criticismo.com/historia-descabellada-de-la-peluca/


domingo, 22 de noviembre de 2015

Alberto Manguel, El viajero, la torre y la larva. El lector como metáfora, Fondo de Cultura Económica, México, 2014, 129 pp.



Liliana Muñoz



No solo los placeres, sino también las trampas del acto de la lectura son el tema de El viajero, la torre y la larva, el libro más reciente de Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948). Ya en Una historia de la lectura (1998) el autor exploraba los misterios del arte de leer, trazando –con un tono ameno, pero erudito– un recorrido por los momentos clave de la historia de la lectura: de la invención de la imprenta a la fabricación de los lentes; de la lectura pública a la lectura privada; de la quema de libros a la lectura de imágenes; de la escritura cuneiforme a la literatura digital. En El viajero, la torre y la larva, Manguel, tomando como eje tres metáforas de la lectura –el lector como viajero, el lector en la torre de marfil y la larva de los libros–, busca desentrañar las infinitas posibilidades de la experiencia lectora.



Reseña completa en: http://www.criticismo.com/el-viajero-la-torre-y-la-larva-el-lector-como-metafora/

martes, 18 de agosto de 2015

Leopardi, de Pietro Citati

Creo que la hermana de Leopardi no se la pasaba muy bien:

"Paolina no era guapa. No era alta, no tenía la elegante blancura de piel que admiraban los hombres de la época. Quizá por solidaridad con su hermano, le había crecido una pequeña joroba en la espalda, lo que la mortificaba. Era tímida. Hablaba poco. No tenía confianza en sí misma... Tenía una agudísima sensibilidad, que exacerbaba una inteligencia sospechosa y maniaca. Tenía un inmenso deseo de ser feliz, y esperaba que, al menos una vez, le tocara alguna pequeña felicidad real. Soñaba con el amor... Nada aliviaba el tedio. Sabía que no se realizaría uno solo de sus deseos. Vivía sin vida, sin alma, sin cuerpo. Le parecía que estaba muerta desde hacía mucho tiempo; que su cuerpo era un cadáver... Lo único que le quedabaera la lectura..."

domingo, 9 de agosto de 2015

Un poema bello, una idea, un descubrimiento, no tienen un valor seguro. Si se destruyen antes de que se den a conocer, no ha ocurrido nada. Si actúan, si se aferran a un hombre, y luego a otro, su alcance se hace incalculable; participa de aquello en lo que se va a convertir el hombre. Si el hombre perece sin otro efecto, ellos perecerán también del mismo modo.

Paul Valéry, Carnets