Italo Svevo estaba convencido de que llegaría el momento en que la
escritura vendría a suplantar a la horrible vida verdadera, aquella en
la que abundan todos esos días que se escapan hasta formar los años. La
profecía de Svevo era definitiva: “la vida será literaturizada”. Nos
leeremos y escribiremos los unos a los otros y la realidad se corregirá o
se cristalizará. En la actualidad, salvo algunas excepciones
(Vila-Matas, Roth, Coetzee, Auster), son pocos los autores
contemporáneos que logran verdaderamente hacer de la literatura el
núcleo, la médula misma de sus obras. Prevalece más bien una tendencia a
la superficialidad, a saturar los textos de citas y referencias
gratuitas o, en el peor de los casos, a elegir como protagonistas a
escritores o poetas atormentados, como si ello bastara para saldar
alguna cuenta pendiente. Hace falta profundidad en el trabajo literario,
pero sobre todo una mayor comprensión de la compleja tarea que tiene el
escritor entre sus manos. Su materia prima es la vida, y por esta
razón, no basta con percibirla o habitarla: es necesario sumergirse en
ella, involucrarse con ella, ‘literaturizarla’. Quizá por esto resulta
un tanto irónico que Mr Gwyn, la última novela de Alessandro
Barrico (Turín, 1958), aborde esta problemática sin poder desprenderse,
ella misma, de la superficialidad a la que he aludido; la obra parece
criticarse, buscarse, y tal vez la escritura vital que Jasper Gwyn
persigue con desesperación es aquella que no terminamos de encontrar en
esta novela de Baricco.
Reseña completa en:
http://criticismo.com/mr-gwyn/
