En las últimas páginas de El lector común, Virginia Woolf visualiza el futuro de los lectores literarios: "Algunas veces he soñado, al menos, que cuando llegue el día del Juicio Final y los grandes conquistadores y juristas y hombres de Estado vayan a recibir su recompensa -sus coronas, sus laureles, sus nombres esculpidos indeleblemente en mármol imperecedero-, el Todopoderoso se dirigirá a Pedro y le dirá, no sin cierta envidia cuando nos vea llegar con nuestros libros bajo el brazo: 'Mira, estos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles aquí. Han amado la lectura'." Para Woolf, el acto de la lectura era absolutamente vital: libro y lector comparten, en todo momento, un destino que trasciende las páginas. El 'lector común' es aquél que lee por amor a la lectura, juzgando con una gran comprensión, pero también con gran severidad.
Eso es, en el fondo, lo que intento hacer en este espacio.
Eso es, en el fondo, lo que intento hacer en este espacio.